Historia
Rosalía es hija única nacida en una familia humilde que se dedicaba y vivía de la agricultura. Fue a la escuela hasta los 9 años, por aquel entonces se pagaba dos duros e iba por la mañana. La escuela era mixta, había más o menos la misma cantidad de niños y niñas. Tenía una profesora llamada Doña María y el trato recibido era bueno e igual para todos. A los 8 años quedó huérfana y se fue a vivir con su abuela y su madrina. Empezó a trabajar en las labores de casa: limpiar, ir al río a lavar la ropa; y del campo: ayudar en la siembra o cultivo, recolectar los frutos y atender los animales, ordeñar las vacas y echarle comida. Con 9 años tuvo que dejar la escuela, la necesitaban más en casa, su abuela requería más ayuda y su madrina quedó ciega. Lo que se cultivaba era para consumo propio y también, para vender cuando se podía, para ello tenía que levantarse muy temprano e ir caminando hasta el mercado de Pontevedra. Con 15 años volvió a quedarse sola por fallecimiento de su abuela y su madrina. La acogieron en la casa de su padrino que tenía dos hijos varones, vivían de la agricultura y de los productos de los animales que ellos tenían. Al ser ella mujer, además de hacer las tareas de limpieza de la casa y la comida, tenía que trabajar atendiendo los animales y en el cultivo del campo, mientras que los hombres solo se encargaban del campo y algo de las cuadras. También, cuidaba al padre de su padrino que era anciano. Por aquel entonces se le exigía más por ser mujer, el trabajo que realizaba no estaba reconocido ni valorado, porque se supone que era su obligación como mujer realizar esas tareas, era como las enseñaban, no se podía decir nada, era lo normal y no había una distribución equitativa en la realización de las tareas entre hombres y mujeres. Como mujer no tuvo las mismas oportunidades, pues no le dejaron seguir estudiando. Desde pequeña le iban marcando el papel que desempeñaría a lo largo de su vida, no había opción a elegir y no se podía contradecir, así lo estipulaba la sociedad y no quedaba otra que obedecer, daba igual que no gustase, pero al pertenecer a una familia humilde de aldea no se conocía otra cosa. No pudo dedicarse a otro oficio, le hubiese gustado ser costurera, pero no le dieron la oportunidad. Cuando se casó siguió dedicándose a la agricultura y ganadería. Vivir del campo es muy duro, se trabajaba todo el día, había que sembrar, cavar la tierra, sacar las malas hierbas, regar y recoger los frutos y todo se hacía a mano y con ayuda de animales de tiro, en verano se pasaba calor por el sol y en invierno había que soportar las bajas temperaturas pasando frío y humedad por la lluvia. Había que levantarse muy temprano para ordeñar las vacas, darle de comer a los animales y recolectar los productos del campo para ir a venderlos al mercado de Pontevedra, que estaba a una distancia de 15 kilómetros que se recorría a pie y a veces en carrillo si coincidía con algún conocido que lo tuviese, hasta que con el paso de los años se pudo comprar un coche. Cuando no se estaba trabajando en el campo había que realizar las tareas domésticas de limpiar, hacer la comida, ir al río a lavar la ropa, que se manchaba mucho y a la vez cuidar siempre de la hija. Distribuía el trabajo y el tiempo en función de lo que se necesitaba. Su trabajo aportaba una ayuda a la economía familiar, junto con su marido que también trabajó mucho en el campo y en otros oficios. El esfuerzo ocasionado por el trabajo que realizó ha afectado a su salud, sobre todo en los huesos. Ahora vive de la pensión de viudedad. Su vida laboral estuvo condicionada por ser mujer, directamente le enseñaron a realizar trabajos domésticos y del campo, y al ser adulta siguió en ello. En la actualidad la situación de la mujer es mejor, ahora pueden estudiar, formarse y trabajar en lo que les guste. Su vida sería diferente si fuese de esta generación pues hubiese estudiado. Su consejo para los jóvenes es que estudien para trabajar en aquello que les gusten.