A miña historia do confinamento
Eran más o menos mediados de febrero cuando el tema “Coronavirus” estaba empezando a dominar los informativos diarios. En el instituto saltaba el tema bastante frecuentemente, muchos se reían, a otros les preocupaba, y a otros tantos ya estaban cansados de escuchar sobre el tema. Yo pertenecía a los que no le daba mera importancia al asunto, pensaba que al estar a casi 10.000km de distancia sería muy difícil que se acercase a Europa. Y lo equivocada que estaba.
Recuerdo a la perfección el 12 de marzo: Madrid ya había entrado en cuarentena y las frases relacionadas con ello pasaban de boca en boca por los estudiantes. Un día relativamente normal hasta penúltima hora, cuando Feijoo anunció en directo que Galicia se sumaba al confinamiento. En el siguiente cambio de clase se podían ver todo tipo de expresiones: gente preocupada por los exámenes, otros celebrándolo por los pasillos, y muchos llantos de angustia. A la salida no me despedí de nadie, confiaba en que no pasaría nada, pues 15 días no es demasiado tiempo y podríamos seguir en contacto. El problema vino cuando el presidente del gobierno abusó de la carta “chupa 15”, ya que al final de cada quincena todos nos volvíamos a ilusionar por vernos de nuevo y las actualizaciones nos destrozaban por dentro. Y así hasta dos meses y medio.
Pronto las tareas y redacciones asignadas compartían el mismo tema común, cosa que me estaba empezando a frustrar cada vez más, pues ya le estaba cogiendo asco a encender la televisión y tener que escuchar el paradero de los españoles cada día. Luego vinieron las tareas amontonadas, pues educación se manejó muy mal y estábamos muy desinformados, y debíamos pasar más tiempo en la habitación de lo que pasábamos habitualmente, cuando tendría que ser completamente lo contrario por nuestra salud mental y física. Aún así, saqué algo de tiempo para hacer manualidades, leer un poco, etc., pero lo que realmente me llenaba es bailar y practicar acrobacias, cosa que nunca dejé de hacer desde el día uno. Me encanta dejarme llevar con la música, porque de alguna manera canalizo mis sentimientos así y me acabo sintiendo mucho mejor, esté feliz, triste, enfadada,… Mis padres no dejaron de trabajar y paso todas las mañanas sola en casa, y tan pronto me levanto ya empiezo a escuchar mi playlist, por lo que Spotify es una gran parte de mi confinamiento; el cual también hizo que mi gusto musical cambiara bastante. También mi jardín fue y es muy importante para mí porque me transmite mucha tranquilidad y delimita hasta dónde podía llegar de forma segura, y me basta. No hay un día que no salga y me tumbe en la hierba a mirar las nubes.
Gracias a la desescalada pude ver de nuevo a mis amigos, y aunque fuese a dos metros, me encantó poder verlos y tener una conversación en persona y no a través de un simple dispositivo electrónico. Aunque no podamos abrazarnos, la compañía física nos llega de momento, y esperamos impacientes al 7 de junio.
Titulé el trabajo “conociendo” por varias cosas: me conocí más a mí misma, pasé mucho tiempo sola con mis sentimientos, descubrí nueva música, nuevas curiosidades,… También conocí con más profundidad a personas de mi clase con las que nunca me había hablado mucho, y para mi sorpresa conecté mucho con ellos y nunca me habría imaginado un intercambio de tanta confianza mutua en una situación así. Por otro lado, también “volví a conocer” a varias personas que estuvieron presentes en mi infancia con las que hacía muchos años que no me hablaba y me gustó mucho retomar conversaciones de nuevo. Y por último, conocí a gente nueva e hice varios amigos a distancia.