Parte principal da carta
Estimado señor Cervantes,
Viendo que mis días están contados y mi muerte se aproxima, me gustaría escribiros esta carta para que quede constancia de la verdadera historia.
He sido atacado y criticado por vos en varias obras vuestras sin tener culpa alguna. Después de haber vivido en el mismo barrio y ser grandes amigos, fueron vuestros celos de mi éxito los que arruinaron nuestra amistad.
Vos bien sabéis la vida tan azarosa que he tenido. Desde muy temprana edad, comencé a mostrar mi talento en cuanto a letras se refería y todo ese talento tuvo recompensa, la misma de la que vos sentisteis envidia.
A lo largo de mi vida, fui militar y secretario de varios nobles para ganarme la vida, mas mi conducta desordenada no me permitió lograr ningún título académico. Años más tarde estudié gramática con los teatinos y matemáticas en la Academia Real y también serví de secretario al Marqués de las Navas, pero de todas estas ocupaciones me distraían las continuas relaciones amorosas.
Elena Osorio, a la que conocí en 1583, fue mi primer gran amor, la "Filis" de mis versos. Pero, en 1587 Elena aceptó, por conveniencia, contraer una relación con el noble Francisco Perrenot Granvela, sobrino del poderoso cardenal Granvela. Y yo, despechado, hice circular contra ella y contra su familia unos libelos, por lo que fui apresado el 29 de diciembre de 1587 en el Corral de la Cruz. Tras el juicio, y una nueva querella por reincidir en mis injurias, el 5 de febrero de 1588 se dictó definitivamente sentencia y fui condenado a 8 años de destierro de la Corte y a 2 del Reino de Castilla.
Acabé por tomar los hábitos del sacerdocio, fruto de una profunda crisis existencial, impulsada quizá por la muerte de parientes próximos. Pero sin embargo, en ningún momento dejé de escribir día y noche.
Así que como bien veis y conocéis mi vida no ha sido fácil, mas he tenido un gran reconocimiento por todas mis obras, de lo que vos me odias y causa por la que en varias obras vuestras criticáis mis obras diciendo que están llenas de disparates y se convirtieron en mercadería vendible.