Interviewee/s testimony on the event
La crisis de 2008 fue una crisis financiera muy importante debido a su gran impacto en economías de todo el mundo, muy especialmente en las más desarrolladas del planeta: EE UU y las economías europeas.
Su origen se atribuye a las hipotecas subprime o “basura”, que muchos bancos concedieron en EEUU a familias con pocos recursos, que luego no podían devolver el dinero. Pero la verdadera causa de la crisis fue una combinación de dos acontecimientos que se fueron desarrollando en las décadas previas: el primero fue que muchas familias, con sueldos cada vez más reducidos, acabaron recurriendo masivamente al crédito para poder mantener su nivel de vida; el segundo fue un cambio profundo en el funcionamiento de los bancos, que condujo a que no tuvieran en cuenta adecuadamente el riesgo que estaban asumiendo al conceder cada vez más créditos.
La consecuencia de esto fue un gran aumento del endeudamiento y del crédito en las principales economías del mundo, sin una gestión adecuada del riesgo que lo acompañaba. Esto, además, favoreció el desarrollo de burbujas inmobiliarias (los precios de la vivienda se inflaron) que acabaron estallando y afectando a toda la economía. Muchas empresas y familias se vieron entonces en serias dificultades para devolver el dinero que habían recibido prestado para adquirir sus viviendas.
La crisis fue peor en Europa, ya que, a partir de 2010, en el área del euro, derivó en otra gran crisis, denominada la crisis de la deuda soberana. Esta consistió en que algunos Estados del euro - Grecia, Portugal, España, Irlanda e Italia – tuvieron problemas para financiarse en los mercados, lo que aumentó desproporcionadamente las primas de riesgo de su deuda pública. Esto afectó a sus economías e incluso situó a algunos de ellos al borde de la quiebra.
Se dijo que la causa de que estos países tuvieran problemas para financiarse era que habían despilfarrado el dinero público y ahora estaban terriblemente endeudados, lo que hacía que los inversores tuvieran miedo a invertir en ellos. Pero esa explicación es falsa; la causa era que había muchos fallos en el diseño del euro que acabaron perjudicando especialmente a las economías más débiles de la eurozona. De hecho, el endeudamiento de muchas de estas economías se incrementó notablemente durante la crisis cuando decidieron rescatar a sus bancos en quiebra.
Entre los múltiples fallos que tenía el euro destacan:
- Falta de mecanismos para ajustar a las economías que van a un ritmo distinto que el resto
- Debe haber un banco central que respalde la deuda de los Estados ante la especulación de los inversores
Como la explicación que se dio era errónea, la solución también lo fue: se decidió que esos países tenían que recortar mucho su gasto público y aumentar los impuestos para reducir su endeudamiento (política de austeridad).
Las principales consecuencias de esto para la vida de los españoles fueron:
- Recortes en el gasto público (educación, sanidad…).
- Reducción de los salarios
- Caída de la actividad económica, que llevó al cierre de empresas y al aumento
del desempleo
La entrevistada afirma que su (nuestra) familia fue bastante afortunada porque mantuvieron sus empleos durante ese periodo. Aún así también les afectó, ya que a los trabajadores del sector público (como la entrevistada) les redujeron el sueldo y no se contrató a personas para sustituir a las que se jubilaban, lo que incrementó la carga de trabajo de los que quedaban. Además, disponían de pocos recursos para mejorar los materiales necesarios, para avanzar en la digitalización del sistema y para contratar servicios de apoyo a sus tareas.
De estas crisis se han aprendido muchas cosas. Por ejemplo, Europa ha
afrontado la crisis del coronavirus de una forma diferente: el BCE ha apoyado desde el primer momento la deuda pública de los Estados y se ha optado por favorecer el gasto público y crear un fondo de recuperación para Europa que ayude a las economías a impulsar sus empresas y el empleo.